martes 16 de agosto de 2011

El Grial: Puente entre las Tradiciones Caballerescas de la Vieja Ley y la Nueva Ley

Los reyes Valois de Francia, en el siglo XIV, fueron guerreros y patrocinadores de traductores, encargando versiones de Tito Livio, Valerio Máximo, de Amicitia y del Senectute de Cicerón y de la Ética y la Política de Aristóteles. De la história clásica y de tratados como los de Vegecio, la caballería extraía lecciones que ni la épica ni la narrativa podían enseñar tan eficazmente. Aquí, los caballeros encontraron un nuevo significado en la disciplina y en el entrenamiento: que el militar bisoño necesitaba mantener su físico en buen estado, la obediencia en campaña, etc. En la obra titulada “La Vida del Gran Mariscal Jean de Boucicaut”, se hacía especial mención a los ejercicios físicos (como la respiración) para mantenerse en forma, saltar y trepar con la armadura completa, subir por escalas sin apoyar los pies. La disciplina del Mariscal era severa (siguiendo el ejemplo de Escipión), no podía haber mujeres en el campamento, se prohibía el consumo de alcohol, etc. Habiendo oído hablar de Demóstenes, ejercitaba la elocuencia cuando se dirigía a sus soldados y el razonamiento con los pueblos dominados. De los grandes hombres de armas de la antigüedad, la caballería elevo al panteón de grandes héroes a Héctor, Alejandro, Escipión y Julio César.

En la Edad Media pocos dudaban de la historicidad de Artús, la figura principal de la tercera materia, la denominada Materia de Bretaña en la Chanson des Saisnes. Los autores que escribieron sobre la Materia insistieron en que se basaban en autoridades acreditadas, Godofredo de Monmouth, en su Historia de los Reyes de Gran Bretaña, sostenía que había existido un libro muy antiguo en lengua britona. Se daba por sentado que la Demanda del Santo Grial había sido recopilada por Wather Map, basándose en un documento que recogió el testimonio de Boores, recopilado por los clérigos de Artús. En 1191 se descubrieron las tumbas de Artús y Ginebra en la abadía de Glastonbury. Los clérigos del siglo XV realizaron un gran trabajo de erudición, recopilando los nombres de todos los caballeros de las Tabla Redonda que aparecen en las novelas del Ciclo, escribiendo las biografías y recopilando sus escudos de armas. 
La mitología celta era la gran mina para los argumentos de las novelas artúricas. Las versiones bretonas eran la principal fuente para los autores franceses; y estas leyendas fueron con certeza la fuente de los famosos Lais de María de Francia, en particular la historia de de amor de Tristán y la del hada amante del caballeron del rey Artús. La extraordinaria escultura artúrica en la arquivolta de la catedral de Módena, que representa a Artús y sus caballeros (Galván y Keu entre ellos) yendo al rescate de la reina Ginebra, es poco más antigua que el libro de Godofredo de Monmouth. En versiones orales (y algunas escritas que se han perdido) la leyenda estaba ampliamente esparcida por toda Europa Occidental del siglo XII y los novelistas y artistas se inspiraban en ella para sus obras.
Una influencia no céltica presente en las novelas Artúricas es el tema del lujo (oro, plata, esmeraldas, rubíes, mantos de armiño, en cantidades deslumbrantes) que proviene del próximo Oriente (Bizancio, Bagdad, etc.). Las novelas del ciclo de Artúrico influyeron mucho en la imagen ideal del caballero andante y otorgaron su lugar legítimo al torneo como prueba de valor en la literatura ejemplar de la caballería. En las antiguas leyendas célticas, como en las clásicas, las mujeres tenían un papel más importante que en las historias de Carlomagno o en la épica germana heroica. Los escritores artúricos incluyeron en sus relatos el erotismo de la lírica trovadoresca hasta un grado no conocido en la literatura medieval Occidental. El camino lo abrió Chrétien de Troyes, que conocía bien las obras provenzales y de Ovidio. Sus novelas muestran profundidad en los sentimientos afectivos de sus héroes y heroínas. El amor se muestra como una fuerza que incita al caballero a probarse a sí mismo, a demostrar a su señora su mérito. Un ejemplo lo encontramos en  El Victorial, obra que narra las aventuras del conde don Pero Niño y los pasajes de amor entre don Pero y la dama en cuyo castillo estuvo alojaado en Francia, escrita por su alférez Gutierre Díez de Games. “Si verdad es que los hombres henamorados son más fuertes, e fazen más, e son mejores, por amor de sus amigas, que fazen de bien, el que tal amiga avía como Janeta de Berlangas madama de Xirafotayna”. El biógrafo de Boucicaut habla en el mismo sentido: “Podemos ver cómo el amor incita a los hombres a altas hazañas desde las historias de Lancelot y Tristán, y podemos ver lo mismo en aquellos nobles a quienes el servicio del amor ha insipirado el valor en Francia y en nuestros propios días, Oton de Grandson y el Buen Condestable, Luís de Sancerre y otros muchos también”.
El iniciador de la leyenda Artúrica, Godofredo de Monmouth en la que encontramos alusiones a la Heidenkrieg y a los fundamentos de las Cruzadas en el pasaje que describe la batalla entre los bretones y los sajones en Bath:
 “Vosotros que habéis sido marcados con la fe cristiana, tened presente la lealtad que debéis a vuestra madre patria y a vuestros compatriotas- exclamó el arzobispo Dubricius -. Cualquiera que sufra la muerte por sus hermanos se ofrece a sí mismo como sacrificio vivo a Dios y sigue con firmes pasos a Cristo…, pues si cualquiera de vosotros sufre la muerte en esta guerra, esa muerte será para él una penitencia y la absolución de todos sus pecados”.
La historia del Grial no sólo hizo posible que la narrativa caballeresca se convirtiera en vehículo del misticismo eucarístico, sino que tendió un puente que enlaza las raíces de la función guerrera indoeuropea con la Historia Sagrada de la Cristiandad.
José de Arimatea obtuvo de Pilatos la copa con la que Jesús celebró la última Cena, que además según la tradición sirvió para recoger las gotas de sangre que derramó Longinos con su lanza, del costado de Jesús. Después de la Ascensión, Jesús entregó a José de Arimatea estando en prisión. Esta copa se vincula estrechamente con el trío de Mesas: La Mesa de la última Cena, la mesa del Grial (que construyó José en el desierto) y la Tabla Redonda. Galaz, que provenía del linaje de David y del de José, a través de nobles caballeros, une la historia del Antiguo Testamento, que presagiaba la venida de Jesús, con  la nueva ley, teniendo la caballería cristiana un origen y legitimidad independiente al de la Sede de Pedro.
En el Seudo Turpín, Lancelot pregunta a la Dama del Lago si había existido un caballero que cumpliera con todas las virtudes de la caballería y le contestó que habían existido en la época que Israel había sido fiel a Dios luchando contra los filisteos y otros pueblos infieles, destacando Juan Hircano y Judas Macabeo. El interés por los orígenes de la caballería en la Historia Sagrada se confirma con la traducción del siglo XII del libro de los Jueces encargada por los Caballeros del Temple. En la introducción se alecciona a aprender la caballería del tiempo de los Jueces y verá “que honor es servir a Dios de esta manera y cómo Él recompensa a los suyos”. Las historias de la conquista de Tierra Santa por Josué y de su defensa por David y Judas Macabeo fueron un claro presagio, para los caballeros de los siglos XII y XIII de las expediciones a Ultramar y ayudó a definir las Cruzadas como la más alta expresión de actividad caballeresca.
Jean  de Longuyon en su Voeux du Paon (una interpolación del siglo XIV en el Roman de Alexandre) afirma que hay tres campeones de la caballería de la Vieja Ley: Josué, David y Judas Macabeo; tres campeones de la caballería pagana: Héctor, Alejandro y Julio César; y tres campeones de la ley nueva ley: Artús, Carlomagno y Godofredo de Bouillon.

Los tres héroes judíos nos hacen presente que Israel fue la nación escogida por Dios y en ella se depositó la Ley y la espiritualidad que preparó la venida de Cristo, el Mesías para toda la humanidad, en un momento de la historia Occidental en el que Roma representaba la Paz y Prosperidad de los pueblos. Una paz conseguida a través de la caballería pagana. La caballería Cristiana representa la fusión de una caballería indoeuropea ( de origen grecorromano, céltico y germánico  ) y la del pueblo judío.