La época de la caballería ha terminado, la de los sofistas, la de época los economistas ha triunfado, y la gloria de Europa se ha extinguido para siempre. Edmund Burke lanzó este lamento ante la desdichada suerte de María Antonieta. Pero, el fallecimiento de la caballería se había producido mucho antes de 1791. La época de la caballería debemos buscarla entre los siglos XII y el XVI.
¿Existió realmente una época de la caballería? ¿Fue simplemente un disfraz cortés y una mera norma de conducta sin una superior influencia social de importancia? ¿Puede calificarse a la Caballería como la Gloria de Europa? ¿Qué fue realmente la Caballería?
El significado de la palabra caballero se puede establecer dentro de unos límites precisos. Corresponde al chevalier francés, que designa a un hombre de la aristocracia cristiana y probablemente de noble linaje, con capacidad para poseer un corcel, armas y armadura para luchar a caballo que ha sido armado caballero siguiendo un ritual.
La caballería también suele designar a una orden, comparándose su modo de vida con la religiosa, una clase social: la formada por los guerreros, cuyas funciones principales son la defensa y gobierno del reino, de la Iglesia y de los indefensos. La caballería también se relaciona con un código de valores morales.
Las diferentes fuentes documentales donde podemos indagar el significado de la caballería:
• Novelas de Caballería.
• Tratados y Sermones sobre la vida caballeresca escritos por clérigos
• Tratados sobre Justas, Torneos y sobre la guerra medieval.
• Legislación que regula la Caballería.
Novelas de Caballería
La primera fuente resulta para el historiador del siglo XX de dudoso valor científico, por recrear un mundo irreal, repleto de misteriosas aventuras en lugares inexistentes, hechos de armas en los que intervienen fuerzas sobrenaturales, etc. En la introducción del Roman de Lancelot, podemos se dice: “En este libro aprenderéis cosas deliciosas y dignas de ser recordadas para la exaltación de la nobleza, de la caballería, para la edificación, ejemplo de todos los hombres y sobre todo de aquellos cuya voluntad es conseguir con las armas el más alto honor”. Las virtudes que exaltas las novelas de caballería y corteses son: la proeza, la lealtad, la largueza, la cortesía y la franqueza o nobleza de espíritu. Estas virtudes las encontramos ya en las novelas de Chretien de Troyes escritas entre 1165 y 1185. Un ideal de caballería obtenido a través de la literatura caballeresca y cortesana no es un modelo aceptable para un historiador de la sociedad que emplea métodos científicos.
La hipótesis de partida para el historiador es que la caballería sólo era un disfraz, un sistema de formas, palabras y ceremonias que proporcionaban unos recursos al estado noble para presentarse ante la sociedad con el brillo del oropel, ocultado la crueldad de sus actividades. El gran historiador Huizinga, autor de la obra “El Otoño de la Edad Media” ha influenciado a varias generaciones de investigadores dando soporte a la citada hipótesis.
Tratados y Sermones Eclesiásticos
Los grandes clérigos de la Edad Media en sus sermones, tratados sobre el gobierno y sobre la correcta ordenación de la sociedad cristiana exponían como debían comportarse en la vida real y especialmente sobre la función social de la orden de caballería en el mundo cristiano. La sociedad se divide en tres órganos o estados: el clero, los guerreros y los productores de alimentos y materiales (campesinos, artesanos, comerciantes, etc.).
Aldaberón de Laón y Gerardo de Cambrai, en sus discursos sobre el triple ordenamiento de la sociedad, empleaban al referirse a la clase guerrera términos que se podrían traducir como: guerreros, combatientes, carentes de alusiones específicas a la caballería. El primer tratado sistemático de caballería la compuso Étienne de Fougéres, obispo de Lisieux, escrito entre 1170 y 1180, en lengua vulgar.
Bonizo de Sutri, en su obra Liber de Vita Christiana (hacia 1090) dice: “si los reyes, magnates y caballeros no tuvieran que ser convocados para perseguir a cismáticos, herejes y excomulgados…, la orden de los guerreros parecería innecesaria en la legión cristiana”.
Para San Bernardo, en su De Laude Novae Militiae, contrasta el decadente y brillante caballería seglar con los Templarios “que se engalanan, no con oro y plata, sino con la fe por dentro y cota de malla por fuera para infundir terror y no codicia en los corazones de los enemigos”.
La idea de Juan de Salisbury de la caballería como una profesión instituida por Dios y que, por derecho propio, era necesaria para el bienestar humano, tuvo una larga y gran influencia. Sin el aporte erudito de los clérigos, la caballería no hubiese pasado de ser una clase hereditaria de militares profesionales, algunas veces heroicos, pero especialmente toscos.
Tratados sobre Justas, Torneos y sobre la guerra medieval.
Nos centraremos en tres obras que han influido notablemente en el resto de Tratados el arte y las técnicas propias de la caballería.
El poema anónimo titulado La Orden de la Caballería (Ordene de Chevalerie) escrito en francés, antes de 1250 en el norte de Francia adopta la forma de un breve relato. Hugo, conde de Tiberíades, es capturado en una batalla por Saladino, quien, respetando su valor, promete ponerle en libertad si cumple una singular petición. Ésta consiste en que Hugo debía enseñar al sultán la manera por la cual, según la ley cristiana, se arman caballeros. Hugo de mala gana consiente, centrándose el poema en el ritual, explicando el simbolismo de cada paso de la ceremonia.
Comienza Hugo por arreglar la barba y el pelo de Saladino, luego le conduce al baño: éste es un baño de cortesía y generosidad, le dijo, y rememora el bautismo de un niño porque se debe salir de él tan limpio como un niño de la pila bautismal. Luego le llevó a un hermoso lecho que representa el reposo en el paraíso, meta de todo buen caballero. Le levantó y vistió con unas ropas blancas que simbolizan la limpieza del cuerpo y sobre estas un manto de escarlata para recordarle su deber de derramar su sangre cuando se necesita de él para defender la Iglesia de Dios. Luego le calzó unas medias pardas para recordarle la tierra en la que debería yacer al final de su vida y para prepararse para la muerte. Después de esto, ciño alrededor de su cintura un cinturón blanco, símbolo de la virginidad y que debía vencer la lujuria. Luego le puso las espuelas de oro, para demostrar que el caballero debe ser tan rápido en cumplir los mandamientos de Dios como el corcel espoleado. Por último le ciño la espada con cortantes filos, simbolizando al nuevo caballero que la justicia y la lealtad deben ir juntas y que su misión es defender al desvalido del poderoso. A esto seguiría el pescodazo, un ligero golpe con la mano que debía del que investía al nuevo caballero, pero al ser Hugo prisionero de Saladino no lo dio. Sin embargo le dio los cuatro mandamientos que debe seguir todo caballero: No emitir juicio falso, no ser cómplice de traición, honrar a todas las damas y doncellas estando dispuesto a ayudarlas hasta el límite de sus fuerzas, oír cuando sea posible, misa diariamente y ayunar cada viernes en conmemoración de la pasión de Cristo.
Ramón Llull es el autor del “Libro de la Orden de la Caballería”, hijo de uno de los nobles que participó en la conquista de Mallorca, recibió en herencia tierras y en su juventud se entregó a la vida caballeresca y a la composición de poesías. El Libro de la Orden de la caballería fue escrito después de su renuncia a la vida cortesana, comienza con el relato de un joven escudero que cabalga por un bosque junto con otros para ser armado caballero en la corte del rey; se pierde en el camino y llega a la celda de un anciano ermitaño. Éste le explica que, tras una larga vida dedicada a las armas y la caballería, se ha retirado al bosque para pasar sus últimos años días en santa contemplación. Al conocer el propósito del escudero, el ermitaño se extraña de su gran ignorancia acerca de las obligaciones de caballero, estado al que está a punto de acceder, por lo que empieza a leerle un librito en el que se explica el significado de la caballería. Al final se lo regala al escudero para que lo lleve a la corte del rey y lo enseñe a aquellos que han de ser armados caballeros.
Llull dice que la caballería ha perdurado desde sus orígenes y que el deber de cada uno de sus miembros es formar a sus hijos, desde la infancia, a fin que desempeñen las funciones para las cuales la orden se instituyó. Éstas no quedan reducidas a la instrucción en la equitación, el manejo de armas, la guerra, etc, es preciso que su ciencia y su ética se pongan por escrito. Recomienda la fundación de escuelas donde se instruya en caballería al igual que las que había para la instrucción de los clérigos. El primer de un caballero es defender la fe de Cristo contra los incrédulos, el segundo es defender a su señor temporal, el tercer deber es proteger a los débiles (mujeres, viudas, huérfanos, etc.), el cuarto deber es ejercitarse continuamente en el uso de las armas y el quinto deber es servir al rey juzgando y vigilando a las gentes del estado llano.
Un capítulo importante es el que describe el examen al que debe ser sometido el escudero que aspira a ser caballero. Debe ser fuerte y de edad suficiente para el ejercicio de la caballería. Debe proceder de buen linaje y lo suficiente rico como para mantener su rango. El caballero que lo examina deberá investigar su modo de vida, buscando pruebas de su valor y de su nobleza, sin que se conozca oprobio alguno. También se investigarán los motivos por los cuales desea el escudero ser armado caballero. En la víspera de la ceremonia deberá confesarse y pasar la noche en vela orando y meditando. Al día siguiente deberá oír misa con los que han de ser armados caballeros con él. El predicador les explicará en el sermón el significado de los artículos de la fe, los diez mandamientos y los siete sacramentos. En el altar, el escudero recibirá la orden de caballería de manos de un caballero.
Llull hace hincapié en la armonía que debe reinar entre la orden de caballería y el orden sacerdotal, aunque cada una pertenece a una dimensión independiente. Exhorta a los caballeros a ejercitarse en justas y torneos que entonces estaban prohibidos por la Iglesia. La caballería está ligada al gobierno de la sociedad seglar, manteniendo la ley y la justicia.
Godofredo de Charny escribió tres libros dedicados a la Caballería. Fue señor de Pierre Perthuis, Montfort, Savoisy y Licey, prestó servicios primero en Gascuña, Tournai, Bretaña, Calais, etc. Al ser coronado el duque Juan como rey de Francia, fue armado caballero de la Orden de la Estrella, fundada por el Juan el Bueno. En 1355 fue designado portaestandarte real de Francia, de la milagrosa Oriflama de San Denís. En la batalla de Poitiers, 1356, falleció custodiando el estandarte del rey.
El primero de sus libros “Preguntas” está redactado en forma de preguntas y respuestas sobre una serie de aspectos oscuros de la caballería planteados a unos caballeros de la Orden de la Estrella. El libro y el Libro de la Caballería, el primero en verso y el segundo en prosa, son prácticamente iguales aunque el libro en prosa es más refinado y algo más extenso. En estos libros habla de los hombres de armas, para el autor la caballería se extiende más allá del círculo de los caballeros. La formación de un caballero debe comenzar de niño, escuchando las historias de hechos de armas escritas por hombres de armas que se distinguieron en las campañas, los sitios y los asaltos y que después de estudiar el arte de la guerra lo pusieron por escrito, sigue con las justas, después los torneos, las guerras en la patria y por último en lejanos países. Como modelo de caballero cita a Judas Macabeo. La caballería se dirige a dos fines: el honor en el mundo y el descanso en el paraíso en la otra vida. La vía del caballero es la más difícil pues debe observar las normas religiosas que los eclesiásticos y además sufrir los rigores de la guerra.
El caballero castellano Diego de Valera, gran viajero fue el autor del célebre libro Espejo de Verdadera Nobleza, incluyendo en sus obras referencias sobre el origen y significado de los blasones. Presenta a los soldados romanos como ejemplo para la caballería. Establece una conexión entre caballería, nobleza de vida y buen linaje. Extiende el estamento de la caballería incluyendo en él a la aristocracia de las armas, a los guerreros en potencia, a los escuderos, a los hidalgos, caballeros y hombres de armas.
Legislación sobre la Caballería
Extraña que Maurice Keen, en su exposición no cite la fuente más objetiva en el estudio de la caballería. En su exposición incluye las novelas de caballería y cortesanas, los tratados escritos por clérigos y por caballeros, olvidándose de los textos legales. Así respecto a las novelas argumenta que son historias llenas de aventuras misteriosas. Los sermones exponen el ideal de la caballería desde la perspectiva de los clérigos, el cual seguramente estuvo siempre lejos de la realidad. Más cercana a la vida caballeresca fueron los tratados sobre el arte de la caballería, pero estas obras reflejan la opinión de sus autores, la cual no tenía por qué ser la admitida por la mayoría de los caballeros.
En cambio, las leyes que regularon la caballería, por su obligatorio cumplimiento es fácil que nos muestren las costumbres de los caballeros en una época y un reino concretos. En los reinos de Castilla podemos citar:
• Fuero Real compilado durante los reinados de don Alfonso VIII, don Fernando III y que finalizó don Alfonso X, siendo promulgado en 1255. Vino a sustituir el Fuero Viejo, y Fuero de los Fijosdalgo.
• Las Siete Partidas confeccionadas entre 1256 y 1265, son un monumento histórico, legal y literario. Don Alonso de Cartagena las cita constantemente en su “Doctrinario de los Caballeros”.
• Ordenamiento de Alcalá, fue sancionado y puesto en vigor por Alfonso XI el 28 de febrero de 1348. Este texto puso fin a la multiplicidad de leyes existentes en Castilla (fueros municipales). La componían 125 leyes dispuestas en 32 títulos. Hasta en León regia el Fuero Juzgo, en Castilla un derecho consuetudinario llamado fuero de albedrío que aplicaban los alcaldes juzgando ex equo et bono.
• Lex Wisigothorum, redactado durante el reinado de Chindasvinto, entre los años 642 y 649, fundiendo elementos procedentes del derecho romano, germánico y eclesiástico.
• Reglas de las Ordenes Militares.
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