miércoles, 16 de febrero de 2011

La Ceremonia de Armar Caballero: Su doble origen, Seglar y Eclesiástico

La ceremonia de armar caballero tiene una gran importancia desde el principio de la historia de la caballería. Así lo muestran Llull y la Ordene de Chevalerie, donde se describe con detalle el ritual y el simbolismo cristiano. León Gautier, el gran historiador francés de la caballería, la llega a considerar como el octavo sacramento de la Iglesia medieval. En el ritual convergen dos tradiciones, la primera guerrera y la segunda eclesiástica. El relato de Juan de Marmoutier sobre la ceremonia de armar caballero a Godofredo de Anjou, el Hermoso, que tuvo lugar en 1128 en Ruan, la víspera de su matrimonio con Matilde, la hija del rey Enrique I de Inglaterra concuerda con lo expuesto por Llull y la Ordene. La ceremonia narrada se desarrolla en un ambiente caballeresco y aristocrático donde los clérigos están ausentes. En el siglo XIV aparece el primer ritual litúrgico para arma un caballero en la iglesia de San Pedro, muy próximo a los anteriores pero donde los clérigos dirigen la ceremonia (un sacerdote dará la collé). Los orígenes de la ceremonia de armas caballero los podemos explorar a través de la literatura que narra las aventuras de los grandes héroes germánicos. Así en el Beowulf dio armas, yelmos, lorigas y espadas a aquellos que eran admitidos en su banda para ir a las guerras. Tácito en su obra Germanía dice que la entrega de armas a los jóvenes se hacía en un lugar público de manos de los jefes, el padre o un pariente, iniciando la edad adulta y era equivalente a ponerse la toga. Guillermo de Orange convoca a jóvenes escuderos de escasos recursos a unirse a su expedición a España con la promesa de recompensarles ricamente y armarles caballeros. En los textos carolingios se dice con claridad que la posesión por parte de un vasallo de una armadura completa distinguía a un vasallo del hombre libre común, que sólo poseía una lanza y un escudo. Con el tiempo se exigió a los candidatos a recibir la orden de la caballería descender de caballeros, como lo atestiguan el siglo XII en las ordenaciones de Roger II de Sicilia y en dos constituciones de Federico Barbaroja. Este siglo dará a luz unas ceremonias caballerescas refinadas, deslumbrantes en un ambiente influenciado por la literatura cortés sofisticada y recargada.

Gornemant de Goor arma caballero a Perceval, confiriéndole “la más alta orden que Dios haya hecho e instaurado” y le aconseja ser clemente con el enemigo si pide piedad, callar lo que piensa, ayudar a las mujeres en peligro e ir a la iglesia a rezar. La caballería al constituirse en una Orden, a semejanza de las órdenes religiosas, daba a entender que sus miembros vivían conforme a una regla, pero a diferencia de las órdenes religiosas, la regla de la caballería no tuvo una redacción definida, como si la tuvieron las órdenes militares.

La primera mención de un rito sacro relacionado con el ejercicio de las armas la encontramos en el Pontifical de Maguncia del siglo X: “Bendice esta espada… de manera que pueda ser una defensa para la iglesia, viudas y huérfanos y para todos los servidores de Dios contra los paganos”. La Cristiandad del siglo X se ve acosada por los vikingos, los musulmanes, los húngaros, etc., creándose rituales para bendecir estandartes, ejércitos, etc. Los historiadores ven una conexión entre el ritual de bendecir la espada y la ceremonia de coronación de un rey, las cuales influirán notablemente en la ceremonia de armar un caballero. Así Carlomagno al coronar a Luis el Piadoso como rey de Aquitania, en el año 791, le ciñó una espada. Luis a su vez hizo lo mismo con Carlos el Calvo, cuando lo coronó rey en el año 838. Todo poder deriva de Dios y la espada de la justicia merecía su bendición, tanto si era puesta en manos reales como de un noble. Flori ha defendido con firmeza que la transición entre la ceremonia de entrega de armas entre los antiguos guerreros y el rito de iniciación a la caballería se produce cuando se incluye el ceñimiento de la espada; es el símbolo de admisión en el preeminente estamento de los caballeros. Con el tiempo alcanzaron la condición de caballeros personas de menor poder económico y social, pero siempre mantuvo una profunda relación con la función del señorío y del magisterio. Ramón Llull lo explica con claridad: “Por lo tanto, para gobernar a todas las gentes que existen en el mundo Dios dispone que haya muchos caballeros”.

La primera noticia que se tiene de un rito de la Iglesia dedicado a la consagración de un rey es la coronación de Pipino como rey de los francos, en el año 753. Sin embargo, es evidente que, antes de Pipino, el acto de hacer un rey era un acto seglar. Widukind, al describir la coronación de Otón I, hacía una distinción entre la ceremonia seglar de dar posesión al rey, que se tenía lugar en el atrio de la entrada a la iglesia, y el rito religioso de la coronación que seguía a continuación. De igual manera, en la ceremonia de armar un caballero, el rito tiene dos partes, una seglar y la otra religiosa: la primera se remonta a la antigua costumbre germánica de la entrega de las armas, el religioso tiene su origen en la bendición de la espada del guerrero. La unión de ambas liturgias otorga la ceremonia de armar caballero un significado cristiano-religioso y otro seglar-social.

El deber que la Iglesia imponía a los guerreros era la defensa del pueblo y mantener la paz, estos también eran los deberes que contraían los reyes en la coronación. El rey era el primero de los caballeros del reino. La convocatoria de Urbano II a las cruzadas fue una llamada a la caballería al servicio de la cristiandad y de la Iglesia, sin intermediar la corona. La Iglesia nunca obtuvo el monopolio en la concesión de la caballería, aun en pleno siglo XIII era tan frecuente que la ceremonia se realizase en una iglesia como fuera de ella sin la participación de eclesiásticos. A finales de la edad media era muy valorado recibir la caballería de manos de un caballero de gran prestigio. Como ejemplo tenemos a Sueiro da Costa que insistió en recibir la orden de manos de Álvaro de Freitas “porque sabía que aquél era caballero de tales méritos que su propia caballería estaba fuera de reproches”. En relatos semejantes, se muestra que los caballeros eran conscientes de su propia continuidad “apostólica”, estableciéndose linajes en la transmisión de la caballería.

Otros procuraban recibir el espaldarazo en determinadas fechas o lugares: coronaciones de emperadores o reyes, en lugares emblemáticos (Roma o Jerusalén), vispera de grandes batallas, etc. En monumentos conmemorativos de caballeros alemanes medievales se ven las armas del reino de Jerusalén, suele interpretarse como que los caballeros conmemoraban sus peregrinaciones a tierra santa donde recibían la caballería, ganando el derecho a llamarse a sí mismos caballeros de la Orden del Santo Sepulcro. Son muchas las citas históricas y literarias que muestran a un gran número de escuderos recibiendo la caballería antes de una batalla en la que se les pediría un alto grado de valor (ejemplo Ottokar invistió a un gran número de escuderos la víspera de la batalla contra los húngaros en 1260, Simón de Monfort en la batalla de Lewes en 1264, etc.)